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lunes, 14 de junio de 2021

LA BOTA DE VINO PARA EL CAMINO.

GENTES, COSTUMBRES, FOLKLORE, TRADICIONES, HISTORIAS, PATRIMONIOS, Y PAISAJES DE LA PROVINCIA DE CASTELLÓN: 

EN HOMENAJE A MI TIERRA Y A MI PAÍS....

Por: JUAN E. PRADES BEL, autor de los proyectos: "RECORDAR TAMBIÉN ES VIVIR"; "HISTORIAS DEL MAR"; “ESPIGOLANT CULTURA: Taller de historia, memorias, crónicas, patrimonios y humanidades"; y otras historias. 

(Proyecto): DATOS PARA LA HISTÒRIA Y LA RECREACIÓN MEMORIAL DE PERSONAJES, OFICIOS Y COSTUMBRES DE LOS TRASIEGOS POR EL PASO DEL ANTIGUO CAMINO REAL DE VALENCIA A BARCELONA (ACTUAL CARRETERA NACIONAL CN-340):

"LA TÍPICA BOTA DE PEZ PARA EL VINO, DE USO MASIVO EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XIX, Y ENTRE LOS PERSONAJES PROPIOS DE LAS DILIGENCIAS, LOS VIAJES Y LOS TRASIEGOS POR LOS CAMINOS REALES, SEGÚN LAS OBSERVACIONES COSTUMBRISTAS DEL HISPANISTA RICHARD FORD, DE SUS VIAJES POR ESPAÑA, ENTRE LOS AÑOS 1830-1833".

Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL. ("Las historias escritas que me acompañan, me ayudan a pensar, a imaginar, a vivir, y a experimentar un mundo de vidas muy diferentes a la mía". J.E.P.B.).

INTRODUCCIÓ: La bota más típica de los españoles, es un recipiente hecho de piel curtida, y este era y es un utensilio de uso y fabricación muy típico en España. La bota se utilizaba para contener cualquier clase de líquido, pero su uso más tradicional era y es como recipiente para transportar el vino para una persona y día.

EXPOSICIÓN: Este artículo costumbrista y folklorista, trata sobre la vida y costumbres de los españoles del primer tercio del siglo XIX en los años previos al estallido de la Primera Guerra Carlista (1833-1840), y su cercana relación ambigua de estos con el vino y el trago, y con la costumbre de llevar cada español, su propia bota de vino a cuestas colgada de su hombro o formando parte de su equipaje de mano. Este relato, se basa en las experiencias propias del viajero inglés Richard Ford, un curioso aventurero y antropólogo atraído por la cultura popular española. Ford escribía, dibujaba y describía de forma concienzuda y realista las experiencias y situaciones de su alrededor de las que muy atentamente paraba suma atención de todo aquello que era testimonio presencial, y que le resultase a su parecer arraigo cultural, comportamiento social y curiosidades propias de las costumbres españolas, las cuales sabiamente fue describiendo aquellas pintorescas situaciones y actividades cotidianas de sus compañeros de viaje españoles de hace 200 años. Este artículo describe con detalle lo narrado por Richard Ford sobre los manejos de uso de las inseparables botas de mano de los españoles, unos contenedores muy latentes en el espíritu de la necesidad prioritaria, de un consumo personal diario de vino y la cultura amigable de invitar a un trago a los amigos, y si tercia a otros pájaros de cabalgata, de los que siempre se encuentran de preparados oportunistas, habidos de chupar y succionar los caldos de una bota ajena, y les saben muy sabrosos los robados tragos a estos pícaros "gorreros", que por mala costumbre tomaban de recelo el vino que bien no merecían, sustrayendo los caldos de los confiados con bota y gentes de buen pensar que por ventura se cruzasen por el camino.

EXPOSICIÓN DOCUMENTAL: RICHARD FORD (1830-1833). “GATHERING FROM SPAIN”.   “THINGS OF SPAIN. THE COUNTRY OF UNFORESEEN”. "COSAS DE ESPAÑA. EL PAÍS DE LO IMPREVISTO ”.  LAS EXPERIENCIAS Y VIVENCIAS AUTOBIOGRAFICAS DE RICHARD FORD (narrador) DE SUS VIAJES POR ESPAÑA EN LOS AÑOS 1830-1833”:

Textos de Richard Ford (1796-1858): " LA BOTA: Aparejado todo de esta manera, en el arzón de la silla debe siempre añadirse una bota y la pistola de bolsillo de Hudibrás. Y digamos una palabra de esta bota, que es tan necesaria para el jinete como la silla para el caballo. Este utensilio tan asiático y tan español sirve de botella y de vaso al mismo tiempo a los peninsulares que van de camino, y no se parece en nada a los cacharros de vidrio o de peltre que se usan en Inglaterra. Tan fácilmente iría una española a la iglesia sin su abanico, como un español a la feria sin su navaja, como se pondría en camino un viajero sin su bota. La nuestra, la fiel confortadora de muchos caminos secos, compañera de largas jornadas, hoy reliquia de un pasado feliz, está colgada, como un ex voto al Baco ibero, al modo como los marineros de Horacio colgaban sus vestiduras húmedas en ofrenda a la deidad que les librara de los peligros del mar. Su piel, arrugada ahora por la edad y añorando infructuosamente el vino, conserva aún la fragancia del líquido rubí, sea el generoso Valdepeñas o el rico vino de Toro, y refresca nuestro olfato si por casualidad nos acercamos a su boca, teñida de rojo.

El rancio perfume del vino perdura en ella, haciéndonos la boca agua y quizá trayéndola también a los ojos. ¡Qué ensueño de aromas españoles, buenos, malos e indiferentes, despierta en nosotros nuestra amiga la borracha! ¡Qué recuerdos se amontonan, despidiendo el balsámico aroma del mediodía: de las olorosas llanuras y los montes cubiertos de tomillo, en donde Flora llama a sus pequeñas amigas las abejas; de las iglesias nubladas de incienso; de las cabras y los frailes, barbudos y odoríferos; de las ciudades, cuyo vaho de ajo, ollas, aceite y tabaco se eleva al cielo, mezclado con las mil fragancias que percibe el olfato de un hombre, ya desembarque en Calais o en Cádiz!. Ahí está colgada nuestra aromática bota, ahora un grato recuerdo. Cumplió su tiempo, y ya nunca se verá henchida, en la ardiente y sedienta España, para vaciarla de nuevo, que es aún mejor.

Esta bota, de donde se derivan los términos butt de Jerez, bouteille y botella, es la vasija oriental de cuero más antigua a que se hace alusión en el libro de Job, cap. XXXII, v. 19: «Mi vientre está a punto de estallar, como las vasijas nuevas»; y en la parábola de San Mateo, cap. IX, v. 17: «Ni echan vino nuevo en odres viejos. De otra manera se rompen los odres, y se vierte el vino y se pierden los odres. Mas echan vino nuevo en odres nuevos, y así se conserva lo uno y lo otro». Esta parábola pierde gran parte de su sentido con nuestra palabra bottle (botella), que, siendo de vidrio, no se estropea con el tiempo como una vasija de cuero. Una «botella de agua» de esta clase fue una de las pocas cosas que Abrahán dio a Agar cuando echó a la madre de los árabes, cuyos descendientes introdujeron su uso en España. Tiene forma de una gran pera o de bolsa de perdigones, y su cabida varía entre media arroba y cinco cuartillos. La parte del cuello va provista de una especie de taza de madera, por donde se bebe.

UN TRAGO: La manera de usarla es la siguiente: Se coge el cuello con la mano izquierda y se coloca la taza junto a los labios; después se va subiendo con la mano diestra, poco a poco, el extremo más ancho de la bolsa, hasta que el líquido, obedeciendo a leyes hidrostáticas, sube de nivel y llena la taza, en la que se bebe sin molestia alguna. La gravedad con que esto se hace, la larga, pausada, sostenida y sanchopancesca devoción de los valientes españoles cuando se les ofrece un trago de una bota ajena, son verdaderamente edificantes y tan profundos como el suspiro de satisfacción con que, después de haber trasegado vino hasta no poder más, se devuelven el precioso pellejo.

No vierten ni una gota del divino líquido, como no sea algún chapucero o novato que, levantándola antes de tiempo, se moje toda la cara. El agujero de la taza se estrecha con una espita de madera, perforada a su vez, y que se tapa con una pequeña estaquilla. Los que no quieren tomar un trago muy grande no quitan la espita, sino solamente el tapón pequeño, y entonces sale el vino en un chorrito delgado. Los catalanes y aragoneses casi siempre beben de este modo; nunca tocan el vaso con los labios, sino que lo mantienen a cierta distancia y dirigen el chorro a la boca o más bien a la mandíbula de abajo. Para los que no tienen práctica es mucho más fácil verterse directamente a la garganta que a la boca. Ellos lo hacen a la perfección, pues las botellas para, beber están hechas también con un pitorro largo y se llaman porrones.

EL PELLEJO: La bota no debe confundirse con la borracha o cuero, el pellejo de vino (odre), que es entero y hace las veces de barril. La bota es el recipiente al por menor; el pellejo es el de al por mayor. Es la típica piel de cerdo, cuya adoración en la Península sólo es comparable a la que se siente por el cigarro, por el duro y, a veces, hasta con el culto a la Virgen. En la mayor parte de las ciudades de España hay tiendas de boteros, en las cuales se pueden ver las sopladas pieles del sucio animal alineadas como los carneros en nuestras carnicerías. Al curtirlas y trabajarlas se les conserva la forma del cerdo, con patas y todo, excepto una: la piel va vuelta del revés para que la parte del pelo quede por dentro, y, además, esta parte es embreada cuidadosamente, como el casco de un barco, con objeto de que no se rezume; de aquí cierto sabor peculiar a cuero y resina, que se llama la borracha, muy característico de los vinos españoles, excepción hecha del jerez, que, como se hace generalmente por extranjeros, se conserva en toneles, según demostraremos al ocuparnos de los vinos. A un hombre ebrio, cosa mucho más rara en España que en Inglaterra, se le llama borracho, término muy poco lisonjero. Estos cueros, llenos, se cuelgan en las ventas y demás sitios de su culto, y se economizan la bodega, los toneles y el embotellado: tales fueron los panzudos monstruos a que Don Quijote atacara.

   La bota está siempre cerca de la boca del español que puede procurársela; todas las clases sociales se hallan siempre dispuestas, al igual de Sancho, a dar «mil besos», no sólo a la propia, sino a la del vecino, que suele ser más codiciada que la mujer; por lo tanto, ningún viajero precavido viajará un paso por España sin llevar la suya, y cuando la tenga no la guardará vacía, sobre todo si tropieza con un buen vino.

   Cualquier individuo que os acompañe en España sabrá instintivamente dónde puede encontrarse buen vino, pues éste no necesita ramo, heraldo ni pregonero. En esto nuestra experiencia concuerda con el proverbio: más vale vino maldito que no agua bendita. En la escala de las comparaciones podemos decir que allí se hallará buen vino, mejor vino y el mejor vino, pero nunca vino malo. 

   Los españoles son tan buenos catadores de vino como de agua; pero rara vez los mezclan, pues dicen que es hacer una cosa mala de dos buenas. Vino moro no quiere decir que va sucio, ni que tenga cualquier otra imperfección herética de las que implica la palabra, sino, sencillamente, que está limpio de todo bautizo con agua; por lo que de los pequeños tenderos asturianos, que tan mala fama tienen, se dice que por su arraigado hábito de adulterarlo todo, hasta aguan el agua.

   Es una equivocación suponer que los españoles sienten una repugnancia oriental hacia el vino por el hecho de vérseles borrachos muy rara vez, y de que cuando van de viaje beban tanta agua como sus caballerías; su regla es: Agua como buey y vino como Rey. La gran cantidad de vino que beben, siempre que se les obsequia con él, hace pensar que su sobriedad habitual está más en relación con su pobreza que con su voluntad. A muchos de estos honrados ciudadanos se les puede conquistar por la panza en este clásico país, en donde el dios tutelar de los taberneros aun tiene guardadas las llaves de las bodegas y de los corazones, "Aperit praecordia Bacchus". Y este culto oriental no deja de estar motivado por los sabrosos manjares administrados previamente. 

   Independientemente de las obvias razones que el buen vino ofrece para ser bebido, la naturaleza excitante de la cocina española induce a ello en gran manera. El uso continuo de condimentos fuertes y de pimienta, que es muy ardiente, provoca la sed, lo mismo que el bacalao, el jamón y los embutidos; ya lo dicen los proverbios: “La pimienta escalienta y a torrezno de tocino, buen golpe de vino”.

Esta digresión acerca de la bota nos será perdonada por todos los que hayan viajado por España y sepan, en consecuencia, lo indispensable de su uso. El viajero recordará, desde luego, el consejo que el bellaco del Ventero da a Don Quijote, de que siempre debe llevar camisas y dinero. “Pon dinero en tu bolsa”, dice también el honrado Yago, pues una vacía es un miserable compañero en la Península y en todas partes. No se debe nadie poner en peregrinación hacia Roma o Santiago sin llevar dinero abundante y una buena cabalgadura: “Camino de Roma, ni mula coja ni bolsa floja”.

ADDENDA: ADICIONES Y COMPLEMENTOS SOBRE LAS TEMÁTICAS Y MOTIVOS REFERIDOS Y CITADOS EN EL ARTÍCULO. (POR JUAN E. PRADES):

LA BOTA DE CUERO DE PIEL DE CABRA VUELTA: Richard Ford se creyó un bulo que le contaron de las botas que se fabricaban con piel de cerdo, cosa no cierta, puesto que las pieles empleadas para la fabricación de las botas de mano tradicionales de España, es la piel natural de cabra, una vez secada se curte con extractos vegetales o taninos, corteza molida obtenida de los árboles (mimosa, pino y encina). Posteriormente se corta el patrón de la bota, se esquila el pelo de la piel de cabra acortándolo un poco, posteriormente se humedece y se cose con el pelo por fuera, se hincha, se humedece, se pega la vuelta lo de dentro fuera, pasando el pelo a la parte interior de la bota, se vierte la pez al interior, la pez es un producto resinoso vegetal extraído del pino o enebro, elaborada por el botero y derretida a muy altas temperaturas, es con lo que el botero impermeabiliza el interior de la bota, se pone la boquilla, y el botero va continuando con los acabados.

LA BOTA DE MANO: La bota es un original recipiente muy español, las botas de mano tienen forma de gota o lágrima, bien rectos o con la boca curvada, y están realizados en piel de cabra cosida a mano y recubiertos interiormente de pez, siendo los brocales de asta de toro torneada. Con la evolución de las botas han aparecido modelos de diversas (a veces incluso extravagantes) formas; en lo que respecta a los materiales, es frecuente la sustitución del impermeabilizante interior de pez por látex mediante el uso de un recipiente interior preformado de este material; así mismo, el exterior se confecciona actualmente con otros cueros más baratos o con materiales sintéticos y los brocales son fabricados con materiales plásticos de diversas calidades como baquelita y otros plásticos con calidad alimentaria. La utilización de la bota, al igual que los odres o corambres se emplea principalmente para guardar y mantener fresco el vino, preferiblemente seco. A diferencia de estos, las botas son más pequeñas, por lo que se transportan con mayor facilidad y de ellas se bebe directamente. Actualmente su uso ha decaído bastante, pero se considera un referente tradicional de determinadas zonas campestres y actividades como las corridas de toros.

CONSERVACIÓN DE UNA BOTA: Una bota en uso no requiere mayor conservación que el lavado periódico, normalmente cada vez que se rellena. Si una bota se va a dejar sin usar durante un tiempo prolongado es recomendable lavarla con agua y dejarla en posición horizontal, a medio inflar, con una copita de coñac. No obstante, pueden surgir algunos problemas normales e inherentes a las características de esta particular vasija, que no afectan a la calidad de la bota y que son de fácil solución. En las botas de pez, cuando se deja la bota vertical durante mucho tiempo, la pez tiende a bajar. Para solucionar este problema basta refundir la pez y repartirla nuevamente por el interior de la bota. Para ello:

(1). Se necesita vaciar la bota de cualquier líquido y lavarla con agua.

(2). Se debe luego calentar la bota poniéndola al sol o calefacción.

(3). Una vez que la bota está bastante caliente, se debe presionar con los dedos la pez interior repartiéndola por toda la bota.

(4). Luego de ello se procede a inflar de nuevo la bota con cuidado, sin forzarla, y se deja enfriar quedando lista para su uso. 

PIMIENTA ESCALIENTA: Es al decir de los expertos, que la pimienta negra enardece las pasiones y excita el ánimo, y como insinuación indirecta, la pimienta sugiere y alude a la mujer morena, por contraste con la rubia, como proclama otro refrán: “Más vale gramo de pimienta que libra de arroz”.

BIBLIOGRAFIA, WEBGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES:

- Juan Villuga, Pedro (1546):"Repertorio de todos los caminos de España: hasta agora nunca visto en el q[ua]l allará q[ua]lquier viaje q[ue] quiera[n] andar muy puechoso pa[ra] todos los caminantes co[m]puesto por Ped[r]o Juan Villuga vale[n]ciano, e impresso en Medina del Campo por Pedro de Castro, a costa de Juan de Espinosa, en el año 1546".

- Gonzalo Menéndez Pidal, 1992: "España en sus caminos", Madrid, Caja de Madrid, 1992.

-Gonzalo Menéndez Pidal, 1951:  "Los caminos en la Historia de España",  Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid.

- Townsend, Joseph (1791): Viaje por España.

- Pedro Rodríguez de Campomanes, Conde (1761): Itinerario de las Carreras de Posta de dentro y fuera del Reyno. De orden de su majestat Carlos III, Imprenta de Antonio Pérez de Soto, Madrid, 1761.

-https://historiasdecarreteras.com/

- Cavanilles, Antonio Josef (1795): Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, Población y Frutos del Reino de Valencia. En la imprenta real, Madrid, 1795.

- Richard Ford: "Gathering from Spain”. “Things of Spain. The country of unforeseen”. (Cosas de España: el país de lo imprevisto).

- Richard Ford (1922): Cosas de España: (el país de lo imprevisto) 1796-1858. Tomos I y II. Grabados: Gustavo Doré. Traducción directa del inglés y prólogo de Enrique de Mesa. Madrid : Jiménez Fraud, año 1922. (Colección abeja ; 5 ; 6).

- Richard Ford (hispanista). wikipedia.





Trabajadores de la turbera de Torreblanca
 succionando el contenido de la típica bota.


martes, 1 de junio de 2021

LAS TAREAS DE ZAGALES Y MAYORALES EN UN VIAJE EN DILIGENCIA DE RICHARD FORD EN 1833.

GENTES, COSTUMBRES, FOLKLORE, TRADICIONES, HISTORIAS, PATRIMONIOS, Y PAISAJES DE LA PROVINCIA DE CASTELLÓN: 

EN HOMENAJE A MI TIERRA Y A MI PAÍS....

Por: JUAN E. PRADES BEL, autor de los proyectos: "RECORDAR TAMBIÉN ES VIVIR"; "HISTORIAS DEL MAR"; “ESPIGOLANT CULTURA: Taller de historia, memorias, crónicas, patrimonios y humanidades"; y otras historias.  

(Proyecto): DATOS PARA LA HISTÒRIA Y LA RECREACIÓN MEMORIAL DEL ANTIGUO CAMINO REAL DE VALENCIA A BARCELONA (ACTUAL CARRETERA NACIONAL CN-340):

(Proyecto): LOS PERSONAJES PROPIOS DE LOS TRASIEGOS POR EL CAMINO REAL EN EL SIGLO XIX:

"LAS TAREAS DE ZAGALES Y MAYORALES EN LOS VIAJES CON DILIGENCIA EN EL AÑO 1833, SEGÚN LAS OBSERVACIONES QUE DESCRIBE EL HISPANISTA RICHARD FORD (1796-1858)".

Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL. ("Las historias escritas que me acompañan, me ayudan a pensar, a imaginar, a vivir, y a experimentar un mundo de vidas muy diferentes a la mía". J.E.P.B.).

INTRODUCCIÓN: Las empresas de diligencias de propiedad particular, empezaron a funcionar en España en el año 1816, la diligencia fue el medio de viajar más generalizado, bien organizado y práctico para los usuarios, los atractivos de los servicios de diligencias, ofrecían gran velocidad, con unos recorridos de desplazamiento de más de veintitantas leguas al día, hasta llegar a 36 leguas diarias dependiendo de los caminos y el tiempo; las diligencias ofrecían facilidad y seguridad para desplazarse; tarifas relativamente reducidas; organización comercial, horarios y paradas fijas; servicios de paradores, posadas y ventas a lo largo de la ruta, e incluso la previsión de indemnizaciones en caso de pérdidas y extravíos de maletas o mercancías, con estas mejoras de medidas y facilidades para el viajero, los empresarios consiguieron que se impusiera con exito la diligencia allí donde se estableciese para prestar servicio. En 1826, las diligencias conseguían recorridos diarios por los grandes itinerarios (Caminos Reales) de algo más de las veinte leguas, más de 110 kilómetros actuales diarios; había tres clases de pasaje: berlina, interior y rotonda, sus costes oscilaban entre 6,5 a 11,5 reales/legua en primera clase y entre 4 y 5,75 reales/legua en tercera clase. En 1854, los recorridos diarios habían aumentado a unas 36 leguas, unos 200 kilómetros al día; la capacidad de los vehículos llegaba hasta las 22 plazas en los mayores carros, y los costes unitarios habían descendido, siendo ahora de 3 a 5,63 reales/ legua en primera clase, berlina, y de 1,20 a 3,26 reales/legua en cuarta clase, imperial. Las postas estaban a unos 20 Km unas de otras.

EXPOSICIÓN: Este artículo, trata de la vida, los métodos, los oficios y los trajines relacionados con los servicios de diligencias del siglo XIX. La línea de diligencias, era un tipo de transporte rodado de pasajeros, mercancías y correo postal que requería de una importante y compleja maquinaria de organización. El relato se basa en las experiencias propias de un viajero inglés llamado Richard Ford, se trata de un curioso aventurero atraído por la antropología, la escritura y el periodismo, Ford escribía, dibujaba y describía de forma concienzuda y realista las experiencias y situaciones de las que muy atentamente era testimonio. En este artículo Ford nos describe con detalle los oficios, tareas y forma de actuar del mayoral y el zagal o mozo que son los conductores al mando de la diligencia en la que Richard Ford viajaba por la carretera real.

EXPOSICIÓN DOCUMENTAL: RICHARD FORD (1830-1833). “GATHERING FROM SPAIN”.   “THINGS OF SPAIN. THE COUNTRY OF UNFORESEEN”. "COSAS DE ESPAÑA", “EL DESARROLLO DEL VIAJE EN DILIGENCIA EN LOS AÑOS 1830-1833”, DE LAS EXPERIENCIAS Y VIVENCIAS AUTOBIOGRAFICAS DE RICHARD FORD (narrador):

Textos de Richard Ford (1796-1858): "EL ZAGAL: El equipaje se amontona encima, en la parte de atrás, o en una especie de voladizo delante. Para guiar este vehículo se emplean dos personas. El jefe, llamado mayoral , y su ayudante, el mozo, y mejor aún el zagal, proveniente del árabe hispánico zaál «un muchacho fuerte y activo». Su traje es muy típico y está basado en el andaluz, que es el que pone la moda en la Península en todo lo que se refiere a toros, caballos, bandoleros, contrabandistas, etc., etc. Lleva en la cabeza un pañuelo de seda de colores vivos, anudado de modo que las puntas cuelgan por detrás; sobre esta reminiscencia del turbante árabe se coloca un sombrero de ala ancha, alto y puntiagudo como un pilón de azúcar; la airosa chaqueta es de piel negra, incrustada de herretes de plata y botones de filigrana, o de paño pardo, con la espalda, las mangas y, en particular, los codos ribeteados y adornados con flores y jarrones de paño de otro color recortado y muchos bordados. Cuando la chaqueta está nueva, la llevan colgada del hombro izquierdo, como los húsares. El chaleco es de rica seda de fantasía; el calzón de pana azul o gris, adornado con franjas y botones de filigrana y sujeto a la rodilla con cordones de seda y borlas. No va abrochado, y el cuello de la camisa es vuelto y lleva una corbata vistosa, unas veces pasada por un anillo y otras anudada. La cintura va ceñida con una faja encarnada o amarillo vivo. Esta faja , sine qua non , es la antigua zona romana; sirve también como bolsa, ciñe las caderas y abriga el vientre, lo cual es muy beneficioso en los climas cálidos y evita la predisposición a las irritaciones intestinales; en la faja se guarda la navaja, que forma parte integrante del español, y el zagal suele colocar también en ella, por detrás, el látigo. Las adornadas polainas van abiertas por arriba, en la parte exterior de la pierna, para que se vea la media, que, por lo regular, es también lujosa; los zapatos son amarillos, semejantes a los de nuestros vilorteros, y, generalmente, de piel de ternera sin curtir, que como es del color del polvo, no necesita limpieza. Los caleseros de la costa de Levante usan la media valenciana sin pie, que, como está abierta al extremo, se parece a los bolsillos de los españoles. En vez de botas llevan las antiguas sandalias romanas de esparto, con suela de cáñamo, que se llaman alpargatas, del árabe “alpalgah”.

    El zagal procura imitar el traje del mayoral hasta donde sus medios se lo permiten. Este es el que está siempre dispuesto para hacer toda clase de servicios. Viendo el incesante movimiento de estos individuos no sería justo tacharles de indolentes, condición que se ha atribuido indistintamente a todas las clases humildes españolas; va corriendo al lado del coche, coge piedras para tirarlas a las mulas, ata y desata nudos y derrocha un caudal de resuello y de juramentos desde que emprende el trabajo hasta que lo deja. Alguna vez se le permite que se suba al pescante y se siente junto al mayoral, para lo cual se coge siempre a la cola de la mula trasera para ayudarse a subir a su asiento".

- "EL ARRANQUE DE LA DILIGENCIA: El aparejar los seis animales, es una operación difícil; primeramente se colocan todos los arreos en el suelo, y luego va llevándose cada mula o caballo a su sitio y poniéndole los arneses correspondientes. La salida es una cosa muy importante, y, como ocurre con nuestros correos, atrae a todos los desocupados de los alrededores.

   Cuando el tiro está enganchado, el mayoral toma todo el manejo de riendas en sus manos, el zagal se llena de piedras la faja, y los mozos de la venta enarbolan sus estacas; a una señal convenida cae sobre el tiro una lluvia de palos, silbidos y juramentos que le hacen arrancar, y, una vez en movimiento, sigue adelante balanceando el coche sobre rodadas tan profundas como los prejuicios de la rutina, con su lanza, que sube y baja como un barco en el mar revuelto, y continúa con un paso vivo, haciendo unas veinticinco o treinta millas diarias. Las horas de salida son siempre temprano, con objeto de evitar el calor del mediodía. En esto, las costumbres españolas son poco más o menos las mismas de los italianos, y siempre se puede dejar en libertad al calesero para que arregle y disponga las horas de partida y todos los detalles pequeños, que varían según las circunstancias. 

   Cuando hay un mal paso se le advierte a los animales del tiro llamándoles por su nombres y gritándoles "¡ arre, arre,...!" alternando con "¡ firme, firme !" Los nombres de las mulas o caballos son siempre sonoros y de varias sílabas, acentuando la última, que siempre se alarga y se pronuncia con un énfasis particular. Capitanaaa, Bandoleraaa, Generalaaa, Valerosaaa , todos estos nombres los gritan a voz en cuello y, seguramente, debe ser un magnífico ejercicio para los pulmones, al mismo tiempo que útil para ahuyentar a los cuervos del campo. El tiro lleva muchas veces más de seis animales y nunca menos, predominando las hembras; generalmente suele ir un macho que hace el número siete y que se llama el macho por antonomasia, como el Gran Turco, o un sustantivo en un discurso de Cortes, que rara vez va seguido de menos de media docena de epítetos; invariablemente se le coloca en el sitio de más trabajo y de peor trato, lo cual merece, pues el macho es infinitamente más torpe y más vicioso que la mula. Alguna vez hay un caballo de la casta de Rocinante, al cual se le llama también sólo el caballo , y éste es, por lo común, el mejor tratado del tiro. Ser un caballero significa en español ser un hombre correcto y bien nacido, y es el modo de dirigirse unos a otros, y se usa constantemente por las clases bajas, que nunca han montado en más cuadrúpedos que mulas o borricos.

   El guiar un coche de colleras es una ciencia especial, y en las diligencias se siguen sus reglas. Es la diversión favorita del majo, que encuentra en ello un placer mucho mayor que sus similares de Inglaterra; el arte no está precisamente en manejar las riendas, sino en la apropiada modulación de la voz, pues el ganado se maneja llamando a cada animal por su nombre, pronunciando siempre muy de prisa las primeras sílabas: el “macho”, que es el más castigado, es el único que no tiene nombre propio; repiten la palabra varias veces seguidas, con objeto de hacerla más larga: “macho, macho, machooo,…” comenzando por una semicorchea para ir en crescendo hasta llegar a una breve y componer al fin entre todas una palabra polisílaba. El «caballo» también es llamado así sencillamente, sin otro nombre especial, como tienen todas las mulas, y al que atienden perfectamente; los dueños de ellas suelen decir que entienden sus nombres y todas las palabras pintorescas y gráficas que les dirigen lo mismo que «cristianas»; pero, a decir verdad, algunas veces parece que se escandalizan y se molestan más que los bípedos de sus mismas creencias".

ADDENDA: ADICIONES Y COMPLEMENTOS SOBRE LAS TEMÁTICAS Y MOTIVOS REFERIDOS Y CITADOS EN EL ARTÍCULO. (POR JUAN E. PRADES):

QUARTERLY REVIEW: La revista trimestral (Quarterly Review) era un periódico literario y político fundado en marzo de 1809 por la casa editorial de Londres John Murray. Dejó de publicarse en el año 1967. Fue conocido como The London Quarterly Review, reimpreso por Leonard Scott, para una edición estadounidense.

MARIANO JOSÉ DE LARRA: (El periodista y político Mariano José de Larra (Madrid, 1809 - 1837), escribió un artículo, titulado “La Diligencia”, a continuación un pequeño fragmento de lo que describe Larra sobre este transporte: 

Textos:….El patio de las diligencias es a un cementerio lo que el sueño a la muerte, no hay más diferencia que la ausencia y el sueño pueden no ser para siempre; no les comprende el terrible “voi ch’intrate lasciate ogni speranza”, de Dante. Se suceden los últimos abrazos, se renuevan los últimos apretones de manos; los hombres tienen vergüenza de llorar y se reprimen, y las mujeres lloran sin vergüenza.

–Vamos, señores –repite el conductor; y todo el mundo se coloca.

La niña, anegada en lágrimas, cae entre su madre y un viejo achacoso que va a tomar las aguas; la bella casada entre una actriz que va a las provincias, y que lleva sobre las rodillas una gran caja de cartón con sus preciosidades de reina y princesa, y una vieja monstruosa que lleva encima un perro faldero, que ladra y muerde por el pronto como si viese al aguador, y que hará probablemente algunas otras gracias por el camino. El militar se arroja de mal humor en el cabriolé, entre un francés que le pregunta: "¿Tendremos ladrones?" y un fraile corpulento, que con arreglo a su voto de humildad y de penitencia, va a viajar en estos carruajes tan incómodos. La rotonda va ocupada por el hombre de las provisiones; una robusta señora que lleva un niño de pecho, y un bambino de cuatro años, que salta sobre sus piernas para asomarse de continuo a la ventanilla; una vieja verde, llena de años y de lazos, que arregla entre las piernas del suculento viajero una caja de un loro, e hinca el codo, para colocarse, en el costado de un abogado, el cual hace un gesto, y vista la mala compañía en que va, trata de acomodarse para dormir, como si fuera ya juez. Empaquetado todo el mundo se confunden en el aire los ladridos del perrito, la tos del fraile, el llanto de la criatura; las preguntas del francés, los chillidos del "bambino", que arrea los caballos desde la ventanilla, los sollozos de la niña, los juramentos del militar, las palabras enseñadas del loro, y multitud de frases de despedida. –Adiós–Hasta la vuelta...)

BIBLIOGRAFIA: 

- Juan Villuga, Pedro (1546):"Repertorio de todos los caminos de España: hasta agora nunca visto en el q[ua]l allará q[ua]lquier viaje q[ue] quiera[n] andar muy puechoso pa[ra] todos los caminantes co[m]puesto por Ped[r]o Juan Villuga vale[n]ciano, e impresso en Medina del Campo por Pedro de Castro, a costa de Juan de Espinosa, en el año 1546".

- Gonzalo Menéndez Pidal, 1992: "España en sus caminos", Madrid, Caja de Madrid, 1992.

-Gonzalo Menéndez Pidal, 1951:  "Los caminos en la Historia de España",  Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid.

- Townsend, Joseph (1791): Viaje por España.

- Pedro Rodríguez de Campomanes, Conde (1761): Itinerario de las Carreras de Posta de dentro y fuera del Reyno. De orden de su majestat Carlos III, Imprenta de Antonio Pérez de Soto, Madrid, 1761.

-https://historiasdecarreteras.com/

- Cavanilles, Antonio Josef (1795): Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, Población y Frutos del Reino de Valencia. En la imprenta real, Madrid, 1795.

- Richard Ford: "Gathering from Spain”. “Things of Spain. The country of unforeseen”. (Cosas de España: el país de lo imprevisto).

- Richard Ford (1922): Cosas de España: (el país de lo imprevisto) 1796-1858. Tomos I y II. Grabados: Gustavo Doré. Traducción directa del inglés y prólogo de Enrique de Mesa. Madrid : Jiménez Fraud, año 1922. (Colección abeja ; 5 ; 6).








Richard Ford (1796-1858),
retratado por Antoine Chatelain (1794–1859). 






Libro "Cosas de España", de Richard Ford.




Torreblanca, y el camino real que entraba por el casco urbano,
y el desvío de la carretera real (CN-340)
 por fuera de la población

Oropesa y la carretera real sin asfaltar (CN-340).

domingo, 30 de mayo de 2021

LAS DILIGENCIAS-CORREO DE LOS CAMINOS REALES ESPAÑOLES DEL SIGLO XIX.

GENTES, COSTUMBRES, FOLKLORE, TRADICIONES, HISTORIAS, PATRIMONIOS, Y PAISAJES DE LA PROVINCIA DE CASTELLÓN: 

EN HOMENAJE A MI TIERRA Y A MI PAÍS....

Por: JUAN E. PRADES BEL, autor de los proyectos: "RECORDAR TAMBIÉN ES VIVIR"; "HISTORIAS DEL MAR"; “ESPIGOLANT CULTURA: Taller de historia, memorias, crónicas, patrimonios y humanidades"; y otras historias. 

(Temáticas): LOS TRANSPORTES Y LAS COMUNICACIONES A LO LARGO DEL SIGLO S.XIX POR LAS CARRETERAS Y CAMINOS REALES DE ESPAÑA.

(Temáticas): LA ANTIGUA VÍA AUGUSTA, MÁS DE 2000 AÑOS DE CIRCULACIÓN DE PERSONAS Y CULTURAS POR ESTE CAMINO.

(Temáticas): DATOS PARA LA HISTÒRIA Y LA RECREACIÓN MEMORIAL DEL ANTIGUO CAMINO REAL O CARRETERA REAL DE VALENCIA A BARCELONA (ACTUAL CARRETERA NACIONAL CN-340):

"LAS EXPERIENCIAS Y RECREACIÓNES ANTROPOLÓGICAS DEL HISPANISTA RICHARD FORD (1796-1858), LEGAJOS DE SUS ENTRETENIDOS Y DUROS VIAJES EN LAS DILIGENCIAS ESPAÑOLAS DE LOS AÑOS 1830-1833".

Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL. ("Las historias escritas que me acompañan, me ayudan a pensar, a imaginar, a vivir, y a experimentar un mundo de vidas muy diferentes a la mía". J.E.P.B.).

INTRODUCCIÓ: Este artículo, viene a describir los pormenores de los viajes del siglo XIX, en caso referido al viaje montado sobre las diligencias de servicio público circulantes al uso por los caminos reales y por las vías transversales, y el resto de carreras y líneas de España. El relato se basa en las experiencias propias de un viajero inglés llamado Richard Ford, se trata de un curioso aventurero y periodista atraído por la antropología, la filosofía y la literatura, Ford escribía, dibujaba y describía de forma concienzuda y realista las experiencias y situaciones de las que muy atentamente era testimonio de las cuales tomaba notas muy detalladas de todo aquello que para el, siendo extranjero procedente de un nivel económico alto y acomodado y de un país de costumbres mucho más refinadas que las de las clases populares españolas, describía en sus manuscritos y crónicas todo lo que le resultaba llamativo y característico de sus compañeros de viaje españoles, compartidos y coincididos a lo largo del transcurso de sus viajes. Muchas de las crónicas que escribió con detalles de sus experiencias en España, fueron publicadas en la revista trimestral Quarterly Review. Ford se vino a vivir temporalmente en España por causas personales, concretamente en Sevilla, pero la aventura de Ford por recorrer España le sobrevino por la inspiración que le produjo la lectura de El Quijote de Cervantes. El editor londinense de la revista Quarterly Review llamado John Murray y amigo de Richard Ford, fue quien le animó e incitó a publicar las crónicas de sus viajes por España. Posteriormente, debido al interés y calidad de las crónicas, John Murray pidió a Ford publicar un libro recopilatorio sobre España, para completar una colección de libros-guías que estaba editando sobre Europa para viajeros y lectores ingleses, Richard Ford accedió a escribir el libro recompilando las crónicas manuscritas de sus viajes y de convivencia entre los españoles de las clases populares; Ford explica este hecho en una carta a su amigo George Borrow, comentándole que está narrando a los lectores ingleses sus viajes a lomos de una jaca cordobesa (yegua de raza cordobesa). Este libro de viajes por España, se publicó en Londres en el año 1841 con el título “Handbook for travellers in Spain and Readers at Home” y fue un gran éxito de ventas. De Richard Ford, se conoce una curiosa descripción de su personalidad que describió un conocido suyo, y también viajero llamado Cook Widdrington, quién dijo de Ford que era "un gran geólogo y disecador de pájaros, hombre corpulento y envarado, que se las da de filósofo".

EXPOSICIÓN DOCUMENTAL: 

RICHARD FORD (1830-1833). “THINGS OF SPAIN. THE COUNTRY OF UNFORESEEN”. “EL DESARROLLO DEL VIAJE EN DILIGENCIA EN LOS AÑOS 1830-1833”, DE LAS EXPERIENCIAS DE RICHARD FORD (narrador): 

Textos de Richard Ford (1796-1858): “Los ricos suelen viajar usualmente en las diligencias, que están de moda desde que se introdujeron en tiempo de Fernando VII. Antes de ser permitidas definitivamente, hubo grandes discusiones y se hicieron objeciones semejantes a las opuestas por el difunto papa cuando la introducción del ferrocarril en los estados de Su Santidad; se decía que con estas facilidades vendrían los extranjeros, y con ellos la filosofía, la herejía y otras innovaciones contrarias a la sabiduría de los antiguos españoles. Estos escrúpulos se disiparon interesando ampliamente al monarca en los beneficios. 

   Ahora que ha desaparecido el monopolio real, se han formado varias compañías en competencia. Este modo de viajar es el más barato, el más seguro y no parece indigno de la "gente bien", pues la realeza misma viaja en estos coches. El infante D. Francisco de Paula constantemente alquila toda la diligencia para trasladarse él y su familia desde Madrid a un puerto de mar; y una de las razones que con toda seriedad dio D. Enrique de no haber venido a casarse con la reina, fue que Su Alteza Real no pudo encontrar sitio en la diligencia por estar completamente llena". 

   Los coches públicos de España son tan buenos como los de Francia, y la gente que viaja en ellos, generalmente más respetable y mejor educada. Esto se debe en parte al gasto, pues aun cuando los precios no son demasiado altos, siempre resultan algo caros para la mayoría de los españoles, de lo que resulta que los que viajan en diligencia son las clases que en otros países lo hacen en posta. De todos modos, hay que convenir en que cualquier viaje en los carruajes públicos del continente resulta muy incómodo para los que están habituados a coche propio; y por muchas precauciones que se tomen, las jornadas corrientes en España, de trescientas a quinientas millas de una tirada, pocas señoras inglesas podrían resistirlas y aun los hombres las soportarían por necesidad, pero no las emprenderían por gusto. 

   El correo está organizado como las "malle-poste" francesas y ofrece un medio seguro y rápido de viajar a los que pueden soportar las sacudidas, los choques y el traqueteo de un recorrido largo sin detención alguna. Las diligencias son también imitación de los armatostes franceses, sin que se encuentre en ellos la pulcritud, la comodidad, el buen movimiento, la exactitud y las infinitas facilidades del modelo inglés. Estas cosas cuando pasan el Estrecho se modifican con el desprecio del continente por las cosas de estilo; la baratura, que es gran principio, hace que prefieran los arreos de cuerda a los de cuero, y un carretero a un cochero bueno. También existen una porción de trabas, y estos absurdos burocráticos y la pesadez de los coches se hacen insoportables para los libres ingleses. 

   Los "guardas" existen realmente: son unos hombretones recios, pintorescos en el indumento y en las armas y muy semejantes a los salteadores de caminos. A decir verdad, no hay gran error en la comparación, pues algunos de ellos antes de ser indultados y puestos a sueldo, se han apoderado de más de una bolsa en el camino real; pero la primera impresión es de individuos espléndidos que bien valen por unos cuantos alguaciles. Van provistos de un completo arsenal de espadas y trabucos, tanto que estas máquinas que ruedan por las inmensas llanuras, parecen un buque de guerra y se suelen comparar con una ciudadela en marcha. Además, en ciertas comarcas sospechosas, una escolta montada de individuos igualmente sospechosos, galopan alrededor de los coches, y tampoco está completamente olvidada la primitiva práctica de untar la mano, y de todas estas admirables precauciones resulta que rara vez o nunca son robadas las diligencias, aunque, sin embargo, la cosa es posible. 

   Toda esta guarnecida arca de Noé está colocada bajo el mando del mayoral o conductor, que, como todo español investido de autoridad, es un déspota, y, sin embargo, como ellos, asequible a la influencia conciliadora del soborno. Él regula las horas de trabajo y descanso. Las dedicadas al último ,¡bendito quien lo inventó!, decía Sancho, son poco seguras; dependen del adelanto o retraso de la diligencia en sus etapas y del estado del camino, pues todo el tiempo que se pierde por unas u otras causas se gana hurtándolo al descanso. Una de las muchas ventajas del viaje en diligencia es la seguridad de detenerse en las mejores posadas; y es muy general entre la gente que viaja por otros medios preguntar en todas las ciudades cuál es la posada donde se detiene la diligencia. De Madrid suelen enviarse gentes para preparar las casas, los cuartos, las cocinas y proveer ,a todo lo necesario para el servicio de mesa, y también hay cocineros que se dedican a enseñar a los hosteleros a preparar y presentar bien una comida. De este modo en pueblos en los cuales hace poco desconocían en absoluto el uso del tenedor, hoy se encuentra una mesa limpia, abundante y bien servida. El ejemplo dado por las posadas de diligencia ha producido buenos efectos, pues ha venido la competencia y con ella la implantación de ciertas comodidades desconocidas hasta ahora de los españoles, cuya carencia de toda clase de comodidades dentro de casa, y admirable estoicismo para las privaciones de todas clases en viaje, son verdaderamente orientales”.

“En algunas de las nuevas Compañías está incluido todo en el precio del billete: a saber, viaje, postillones, posadas, etc., etc., cosa muy conveniente para el forastero y que le hace ganar dinero y energía. Un capítulo en la diligencia es tan típico en todos los relatos de un viaje por la Península como una corrida de toros o una aventura de bandidos, cosas de gran salida en nuestro mercado. Indudablemente, en las largas distancias que se recorren en España, durante las cuales van encajonados hombres y mujeres tres o cuatro días mortales (con sus noches correspondientes), el asunto se desarrolla y hay oportunidad de apreciar costumbres y carácter; la comedia o la tragedia puede tener tantos actos como días el viaje. 

   En general el orden que se observa en el transcurso del día es el siguiente: el desayuno, que se toma muy de mañana, consiste en una jícara de chocolate espeso, que siendo la bebida preferida por la Iglesia y permitida incluso los días de ayuno, es tan nutritivo como delicioso. Suele acompañarse con unas rebanadas de pan tostado o frito, y detrás se toma un vaso de agua fría, costumbre que no abandonará jamás nadie que esté bien con su hígado. Después de rodar un número determinado de leguas, cuando los pasajeros están bien magullados y hambrientos, se sirve un buen almuerzo de tenedor, semejante en un todo a la comida que ha de hacerse por la noche; la mesa es abundante y excelente para los aficionados al ajo y al aceite. Los que no gusten de ellos tendrán que atenerse al pan y los huevos, que son muy buenos; el vino es por lo regular color de púrpura y algunas veces sirve como vinagre para la ensalada; del mismo modo que el aceite se emplea en los guisos y en la lámpara; una mala comida, sobre todo si la cuenta es alta y el vino agrio, no es cosa para endulzar los caracteres de los pasajeros; se aficionan a pendencias, y si tienen la suerte de alguna escaramuza con ladrones, ello servirá para dar rienda suelta al malhumor. A boca de noche, después de cenar, se pueden tener unas horas de descanso, según lo que el mayoral y ciertos armoniosos y alados “voltigeurs” permitan. Las camas son sencillas y limpias; algunas veces los colchones parecen sacos de nueces, pero no hay mejor almohada que el cansancio; por lo general hay dos, tres o cuatro camas en las habitaciones, según el tamaño de éstas. El viajero debe apalabrar la suya en el momento de llegar, y si es mediana conformarse con ella, pues de lo contrario es fácil que duerma en otra peor. Comúnmente no es difícil procurarse una habitación sola o, cuando menos, escoger los compañeros. Además, los españoles de todas clases son muy corteses con las señoras y con los extranjeros, y con una gratificacioncita dada de antemano a la doncella o al camarero casi siempre se allanan las dificultades. En ésta, como en muchas otras ocasiones, en España la mayor parte de las cosas se consigue con buenas maneras, una sonrisa, un chiste, un refrán, un cigarro o un pequeño soborno, que aun cuando nombrado en último término, no es en modo alguno el menor recurso, puesto que tiene la condición de ablandar el corazón más duro y de disipar todas las dificultades, en el punto en que ya las palabras no sirven para nada, pues como rezan los proverbios castellanos: La Dádivas quebrantan peñas y entran sin barrena, y más ablanda dinero que palabras de caballero manera de guiar en España es tan distinta de nuestro modo de manejar las riendas, que merece explicarse. Para los que no pueden llegar hasta la diligencia hay otros medios de comunicación más genuinamente españoles e incómodos. Pueden compararse con las comodidades de que gozan los vagones para hombres y animales, señalados como pasajeros de tercera por los reyes del monopolio de nuestros ferrocarriles, los cuales han usurpado el camino de su majestad y saquean a sus súbditos en virtud de un acta del parlamento. ...". 

ADDENDA: ADICIONES Y COMPLEMENTOS SOBRE LAS TEMÁTICAS Y MOTIVOS REFERIDOS Y CITADOS EN EL ARTÍCULO. (POR JUAN E. PRADES):

QUARTERLY REVIEW: La revista trimestral (Quarterly Review) era un periódico literario y político fundado en marzo de 1809 por la casa editorial de Londres John Murray. Dejó de publicarse en el año 1967. Fue conocido como The London Quarterly Review, reimpreso por Leonard Scott, para una edición estadounidense.

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA: Don Quijote de la Mancha es una novela escrita por el español D. Miguel de Cervantes Saavedra. Publicada su primera parte con el título de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha a comienzos del año 1605, es la obra más destacada de la literatura española y una de las principales de la literatura universal, además de ser la más leída después de la Biblia. En 1615 apareció su continuación con el título de Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha. El Quijote de 1605 se publicó dividido en cuatro partes; pero al aparecer el Quijote de 1615 en calidad de Segunda parte de la obra, quedó revocada de hecho la partición en cuatro secciones del volumen publicado diez años antes por Cervantes. El Quijote es la primera obra genuinamente desmitificadora de la tradición caballeresca y cortés por su tratamiento burlesco. Representa la primera novela moderna y la primera novela polifónica; como tal, ejerció un enorme influjo en toda la narrativa europea. Por considerarse “el mejor trabajo literario jamás escrito”, encabezó la lista de las mejores obras literarias de la historia, que se estableció con las votaciones de cien grandes escritores de 54 nacionalidades a petición del Club Noruego del Libro y “Bokklubben World Library” en 2002; así, fue la única excepción en el estricto orden alfabético que se había dispuesto.

ANTROPÓLOGIA, ETNÓLOGIA Y ETNOGRAFIA:

BIBLIOGRAFIA, WEBGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES:

- Juan Villuga, Pedro (1546):"Repertorio de todos los caminos de España: hasta agora nunca visto en el q[ua]l allará q[ua]lquier viaje q[ue] quiera[n] andar muy puechoso pa[ra] todos los caminantes co[m]puesto por Ped[r]o Juan Villuga vale[n]ciano, e impresso en Medina del Campo por Pedro de Castro, a costa de Juan de Espinosa, en el año 1546".

 -Gonzalo Menéndez Pidal, 1992: "España en sus caminos", Madrid, Caja de Madrid, 1992.

-Gonzalo Menéndez Pidal, 1951:  "Los caminos en la Historia de España",  Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid.

- Townsend, Joseph (1791): Viaje por España.

- Pedro Rodríguez de Campomanes, Conde (1761): Itinerario de las Carreras de Posta de dentro y fuera del Reyno. De orden de su majestat Carlos III, Imprenta de Antonio Pérez de Soto, Madrid, 1761.

- Cavanilles, Antonio Josef (1795): Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, Población y Frutos del Reino de Valencia. En la imprenta real, Madrid, 1795.

-https://historiasdecarreteras.com/

- Richard Ford: "Gathering from Spain”. “Things of Spain. The country of unforeseen”. (Cosas de España: el país de lo imprevisto).

- Richard Ford (1922): Gathering from Spain. Cosas de España: (el país de lo imprevisto) 1796-1858. Tomos I y II. Grabados: Gustavo Doré. Traducción directa del inglés y prólogo de Enrique de Mesa. Madrid : Jiménez Fraud, año 1922. (Colección abeja ; 5 ; 6).

 

Rudolf Koller,  The Gotthard Post, 1873.




La Carretera real antes de asfaltarla,
panorámica a su paso por Oropesa del Mar

Richard Ford (1796-1858),
 retratado por Antoine Chatelain (1794–1859). 
Posada antigua, (Cabanes).






Posada Venta de Doro (Coves de Vinromà).

Posada Venta de Doro (Coves de Vinromà).

Posada Venta de Doro (Coves de Vinromà).